Las diferencias en el armado electoral y el rumbo económico. Las medidas para los sectores más vulnerados y el factor Lula.

Mientras se recupera del episodio que lo descompensó durante la última gira internacional, el presidente Alberto Fernández se apronta a terminar el año con anuncios que mejoren el poder adquisitivo de los trabajadores. Lo hará de la mano de medidas que desde el Gobierno implementaron e implementarán en los próximos días para que los sectores más vulnerables estén contenidos de cara a diciembre, como el aumento en la Tarjeta Alimentar, el aumento del Salario Mínimo y un posible bono para trabajadores de menores ingresos que postergan en anunciar. En el medio siguen los malabares por parte de los distintos espacios que conforman el FdT para sostener la unidad, al tiempo que se preparan para las internas del año que viene. En ese marco, el Presidente tiene pensado ir a pasar fin de año a Brasil, para estar presente el primero de enero en la asunción del nuevo presidente de ese país, Ignacio Lula da Silva. La agenda internacional aún le sirve al mandatario como refugio, aunque su rol de “referente” de la región puede tambalear con la asunción del brasileño que tendrá mucho protagonismo.

 

En el plano nacional, en tanto, la interna está recrudecida y las elecciones que se avecinan pronostican que ese escenario no mejorará en los próximos meses. Desde todos los espacios del oficialismo ya se encuentran pujando para pelear por espacios y candidaturas el año que viene y eso se nota, no solo en los actos; en las reuniones que se hacen en el conurbano bonaerense y en los anuncios de la creación de espacios políticos como lo hizo la CGT y el Movimiento Evita, sino también en actitudes y anuncios de los propios ministros del gabinete.

 

El titular de la cartera de Interior, Eduardo “Wado” de Pedro y el de Economía, Sergio Massa, dos de los ministros “políticos” del Gobierno, por ejemplo, en las últimas semanas realizaron anuncios de medidas importantes vinculadas a Nación –acuerdo de precios, inversiones en el norte grande, entre otras–, que los fortalecen de cara a posibles candidaturas en 2023. En ese escenario, sin embargo, la figura de Fernández queda cada día más debilitada y las medidas –por problemas políticos, comunicacionales, o ambos– terminan sin ser acumuladas como logros de su gobierno, algo que molesta cerca del Presidente. Tanto desde el kirchnerismo, como desde el massismo, mientras tanto, insisten a Fernández con la creación de una mesa política para discutir los problemas internos y cómo seguir adelante. Un pedido que cerca del mandatario siguen negando de cuajo.

 

De cara a la contienda electoral del 2023 el kirchnerismo no pierde tiempo y comenzó a organizarse hace varios meses con reuniones que llevan adelante en el conurbano bonaerense. Las primeras fueron antes del intento de asesinato de CFK, en septiembre –en Villa Domínico y otra en Ensenada– y se continuaron luego de ese episodio. Allí van intendentes, sindicalistas, ministros, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, el diputado y líder de la Cámpora, Máximo Kirchner y hasta la propia vicepresidenta. El último de estos encuentros se hizo conocido. Fue en la residencia del gobernador Kicillof, después del acto que encabezó CFK en el Estadio Único de la Plata. Allí los dirigentes y referentes del kirchnerismo planean estrategias, analizan la situación actual de los distritos y, sobre todo, escuchan a la vicepresidenta, líder indiscutida del espacio.

 

Lo que aún sigue siendo una incógnita es cómo se organizará el peronismo “no kirchnerista” para las internas del año que viene. Se trata del espacio que –quienes al principio de la gestión de Fernández se entusiasmaban con él como su referente– lo denominaban “peronismo territorial”. Allí entrarían “los gordos” de la CGT, un grupo de intendentes y gobernadores, organizaciones sociales como Movimiento Evita y otros espacios que no simpatizan y nunca simpatizaron con la vicepresidenta.

 

Una posibilidad es que Fernández pelee para intentar representar ese espacio y se postule él mismo como candidato. Algo que sostuvo en reiteradas ocasiones en público y en privado y que desata los nervios del kirchnerismo, que no está a favor de realizar una “gran interna” como el Presidente propuso en noviembre del año pasado. Menos con que él reelija. Sin embargo, también existe la posibilidad de que el mandatario sostenga esta actitud hasta último momento para no perder legitimidad en la gestión y que finalmente decida dar un paso al costado para que ese espacio sea representado por otra figura, quedando él como el garante de dar la oportunidad al peronismo “no kirchnerista”.

 

En ese caso, hay varios nombres históricos –y no tanto– dando vueltas: uno de los que suena es el del actual embajador en Brasil, Daniel Scioli. Con él el Presidente viene teniendo un trato cercano, hablan todo el tiempo y Fernández le debe un favor luego de que tuvo que eyectarlo del gabinete a las pocas semanas de haberlo hecho volver para reemplazar al exministro de Producción, Matías Kulfas. Cerca del exgobernador bonaerense se entusiasman con la posibilidad de Scioli candidato y rescatan las palabras de Lula durante la campaña en Brasil: “Lula decía que para ser candidato hay que tener tres variables cubiertas: estar bien de salud; tener diálogo con todos los sectores y saber que vas a hacer un buen gobierno”. “Daniel cumple con las tres”, dicen, aunque aclaran que es temprano para hablar de candidaturas.

 

Esta semana Scioli estuvo en la Argentina donde se reunió con el Presidente; con el canciller, Santiago Cafiero; con el exministro Desarrollo e intendente de Hurlingham, Juan Zabaleta, y realizó un anuncio en Casa Rosada con la secretaria de Energía, Flavia Royón, sobre un plan energético con Brasil. También se encuentra trabajando en un “acuerdo de integración” entre ambos países, que presentará a Lula una vez que asuma. En caso de que Fernández decida pasar el 31 en Brasil para esperar la asunción del brasileño, se quedaría en la residencia del embajador.

 

Por otro lado, también suena dentro de ese “peronismo no kirchnerista” el nombre del ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis. Un hombre muy cercano a Fernández, pero que aprovecha toda oportunidad para mostrarse próximo a CFK y al kirchnerismo –estuvo en el último acto de la vicepresidenta en La Plata y mantiene diálogo con MK–. Desde su entorno dicen que “Kato” tiene aspiraciones de ocupar un puesto de mayor importancia el año que viene que la intendencia de San Martín, de de donde viene. Ese es uno de los motivos por el cual no volvió a su municipio, donde es intendente en licencia, como sí lo hicieron otros ministros que estaban en la misma situación que él, como Juan Zabaleta o Jorge Ferraresi.

 

El ministro prefiere seguir haciendo anuncios importantes en todo el país vinculados a la obra pública, porque cree que eso le servirá en el camino a 2023. “Quiere un lugar de protagonismo. Quiere ser parte de lo nuevo y tiene buena relación con todos”, remarcan en su entorno, igual que lo hacen desde el de Scioli. Los dirigentes, o el tiempo, se encargarán de ordenar el tablero.