El nuevo jefe de Gabinete, Juan Manzur, tuvo alto protagonismo en el acto en el Museo del Bicentenario.

Aníbal Fernández se mostró de muy buen humor en conferencia de prensa. En la intimidad de los despachos se buscó suturar las heridas abiertas por la batalla interna del Frente de Todos post-PASO

 

“Tu-cu-mán”, “Tu-cu-mán”. Juan Manzur, quien acababa de subir al escenario, se transformó hoy por la tarde en el gran protagonista de la asunción de los nuevos miembros del Gabinete de Alberto Fernández. No sólo por la importancia de su rol, sino también porque llevó su propia “hinchada” al Museo del Bicentenario. En la parte trasera del salón, en el subsuelo de la Casa Rosada, donde el Presidente se preparaba para tomar juramento a los flamantes titulares de algunas de las carteras más importantes, un grupo de intendentes, jefes comunales y colaboradores del cacique del Norte celebraron con vehemencia cada una de las intervenciones del jefe provincial, que viene de atravesar una fuerte interna con su vicegobernador, Osvaldo Jaldo.

 

El acto de jura, previsto para las 16, comenzó media hora tarde, en un clima de expectativa después del cimbronazo interno que se desató en el Frente de Todos por la derrota en las PASO, la semana pasada. Había sido anunciado el viernes después de intensos diálogos a contrarreloj para definir el nuevo Gabinete de Alberto Fernández.

 

Ese día, a última hora, Presidencia anunció los cambios ministeriales que se oficializaron hoy. Juan Manzur asumió en la Jefatura de Gabinete de Ministros; Santiago Cafiero en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto; Aníbal Fernández en el Ministerio de Seguridad; Julián Domínguez en Ganadería, Agricultura y Pesca; Jaime Perzyck en Educación; Daniel Filmus en Ciencia y Tecnología, y Juan Ross en la Secretaría de Comunicación y Prensa.

 

Antes de la jura, el Presidente se tomó unos minutos para brindar un discurso donde volvió a hablar de unidad y de “los dos modelos de país”, en contraposición con Mauricio Macri, el ex presidente cuya evocación el oficialismo utiliza para aglutinar a los propios. Fue la primera vez que el jefe del Estado habló frente a un micrófono después de las jornadas de internas calientes de la semana pasada, después de recluirse dos días en La Rioja, donde el sábado encabezó un encuentro con gobernadores del PJ.

 

Los ministros asumieron en el escenario del Museo del Bicentenario entre aplausos de los presentes, pero los momentos de vitoreos más significativos se produjeron durante la jura de Manzur. No tanto por sus adhesiones en la Casa de Gobierno, sino gracias al grupo de dirigentes que, desde el fondo del salón, con las caras enfundadas en barbijos que llevaban grabados el escudo de Tucumán y la inscripción “Manzur Conducción”, hicieron retumbar cánticos reivindicativos de su provincia desde el fondo del pintoresco salón donde se encontraban las máximas autoridades nacionales, otros gobernadores y dirigentes sociales y gremiales.

 

Al final del acto, que se celebró sin mayores estridencias, Manzur brindó una breve conferencia de prensa donde remarcó, en primer lugar, la importancia de que asuma un gobernador en la Jefatura de Gabinete. Su mensaje no fue casual. La elección de su figura en la coordinación de los ministerios es parte de un acuerdo que hizo el Presidente con los gobernadores del PJ para intentar fortalecer su diezmado capital político en medio de la batalla campal que se desató en el Frente de Todos por el revés en las elecciones. De esa forma, Alberto Fernández envió una señal al interior del país, donde ahora esperan, como les prometieron, tener mayor protagonismo en la toma de decisiones y el direccionamiento de obras y fondos públicos.

 

También Aníbal Fernández, flamante titular de Seguridad, tuvo su momento de centralidad. Apostado frente a periodistas y cámaras de televisión, el ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner habló durante más de diez minutos, de manera locuaz y de visible buen humor, sobre su regreso al Gobierno. También desestimó las flagrantes internas y dio por terminada su grave pelea con el nuevo titular de Agricultura, Julián Domínguez, con una cita al escritor colombiano Gabriel García Márquez.

 

Entre los presentes estaba Martín Guzmán, ministro de Economía cuestionado por el kirchnerismo y finalmente ratificado por Cristina Kirchner. Hace una semana, el Museo del Bicentenario lo había tenido como protagonista en un acto que, dicen algunos, provocó la orden de Cristina Kirchner de forzar una serie de renuncias. En el acto de hoy, las cámaras apenas se enfocaron en su figura.

 

Sanar heridas

El acto se había planteado no sólo como de asunción de ministros, sino de relanzamiento de la gestión y, al mismo tiempo, de reordenamiento de filas en el Frente de Todos. De hecho, tanto el Presidente, en su discurso central, pidió enfocarse en el futuro y dejar atrás esas “internas”. Inclusive llamó a una movilización, el miércoles, en José C. Paz. Se trata del distrito donde el Frente de Todos tuvo la mejor performance electoral de la Provincia de Buenos Aires en las adversas elecciones de hace 10 días. Y el lugar donde se encontraba reunido con el intendente Mario Ishii cuando se enteró, el miércoles pasado, que siete de sus ministros y secretarios cristinistas habían renunciado en masa. Por su parte, el flamante jefe de Gabinete, Manzur, dijo en conferencia de prensa después de la ceremonia que las diferencias del oficialismo están “zanjadas”.

 

Desde la mañana, en la previa de la ceremonia, habían desfilado por la explanada de ingreso a la Casa Rosada las figuras que protagonizaron la disputa de la semana pasada: el jefe de Gabinete saliente, Santiago Cafiero; el presidente Alberto Fernández; el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro -quien regresó a la planta baja de la sede del gobierno nacional por primera vez después de la presentación de su renuncia, el miércoles pasado-; el presidente de Diputados y jefe del Frente Renovador, Sergio Massa; y el titular del interbloque de la Cámara baja y líder de La Cámpora, Máximo Kirchner.

 

La única que no estuvo presente hoy en el Palacio gubernamental fue Cristina Kirchner, socia principal de la coalición de gobierno, quien se recluyó en su casa en El Calafate. La última vez que la Vicepresidente se expresó públicamente fue el jueves, a través de la decisiva carta que terminó ordenando la interna a favor del ala kirchnerista.

 

Sin fecha prevista para su regreso, más temprano recibió durante varias horas al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, quien acaba de decidir los reemplazos en el gabinete de la provincia más importante del país, donde el Frente de Todos también resultó derrotado. No tenía previsto asistir a la ceremonia donde el Gobierno buscó empezar a zurcir la agrietada unidad del Frente de Todos de cara a las elecciones generales del 14 de noviembre y frente a los dos años que restan de administración.

 

Hoy en los despachos de la Casa Rosada empezaron a producirse algunos intentos de reconciliación en el marco de los diálogos por la reorganización de los casilleros de algunas de las áreas más importantes del Gobierno. Antes y después de se produjeron algunos encuentros entre los popes del FDT, excepto Cristina Kirchner, inclusive orientados a sintonizar posiciones después del quiebre de la semana pasada.

 

La tarea será ardua, y algunos no la ven posible, especialmente si no hay una mejora en la performance electoral, dentro de dos meses. Otros se muestran optimistas. “El Gordo lo va a terminar perdonando, hay que darle tiempo”, dijo un funcionario nacional en referencia al desplante de la semana pasada de Wado de Pedro al presentar su renuncia en forma pública, sin previo aviso al Presidente. La incógnita central, en realidad, es sobre la reconstrucción del vínculo entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández. En La Cámpora creen que la reconciliación más importante dependerá en buena parte de la performance económica del Gobierno.

 

Por lo pronto, hubo algunos intentos de acercamiento entre las dos alas principales del oficialismo. Máximo Kirchner, titular de La Cámpora, quien no suele visitar la Casa Rosada, llegó por la mañana y permaneció durante varias horas, hasta el horario de la jura. Mantuvo sendas reuniones con el Presidente y con su compañero de La Cámpora, Wado de Pedro. En el Gobierno no descartaban que también De Pedro se reuniera con Alberto Fernández tras el quiebre de la semana pasada.

 

Mientras tanto, Santiago Cafiero llegó a primera hora para preparar su salida de la Jefatura de Gabinete, de donde fue finalmente desplazado tras el embate del kirchnerismo. Estuvo en varias ocasiones en el despacho de Alberto Fernández, donde discutieron sobre la nueva etapa del Gobierno y, en particular, sobre su rol como Canciller.

 

Mañana, su sucesor, Manzur, comenzará su agenda oficial nacional con una conferencia de prensa prevista para las 8.30 junto a la ministra de Salud, Carla Vizzotti. El contenido del anuncio se mantenía en reserva, pero fuentes oficiales adelantaron que no se tratará de cuestiones económicas.

 

Con equipo renovado, pero un clima de desconfianza entre los socios del Frente de Todos, se espera que en los próximos días el Gobierno lance la batería de medidas sociales y económicas que venían preparando Alberto Fernández, Cafiero y Guzmán desde la semana pasada y que se vio postergada por la rosca política. Los detalles del paquete económico aún son un misterio, pero en la Nación ya avisaron que habrá una fuerte inyección de fondos con vistas a mejorar los resultados electorales en las elecciones generales. De los números que se obtengan en los comicios del 14 de noviembre dependerá el futuro de la resquebrajada coalición oficialista.