Lo venció por 2-0 para Libertad, en el José Fierro, en el arranque del grupo 5.

Atlético Tucumán se está asomando a una agradable costumbre:la de construir una fiesta en plena Libertadores. Ni el fantasma del Martes 13 los inhibe. Pero a la celebración del marco, ese Monumental José Fierro repleto, esta vez no la acompañó el campo de juego. Más allá de los méritos, en el primer partido del Grupo C, Libertad se impuso 2-0. La lectura es inequívoca:se trata de un golpe que no elimina, pero que condiciona el recorrido.

 

El desarrollo dejó cierta sensación de injusticia en el desenlace. Sobre todo por lo sucedido en el primer tiempo. Atlético impuso condiciones de arranque. La presión alta ejercida sobre la salida de Libertad le permitía recuperar cerca del área rival y atacar con mucha gente. A partir de allí, comenzaron a llegar las situaciones para el local, que bien pudo haberse puesto en ventaja cuando a los once minutos Leandro Díaz no llegó a empujarla a metros del arco.

 

La intensidad y la euforia con la que comenzó el partido el Decano se fue diluyendo poco a poco. Y Libertad, con muchas limitaciones, lo encontró mal parado en defensa en varias ocasiones y pudo haber dado el zarpazo. Augusto Batalla respondió en la más clara de la visita: le negó el gol a Santacruz, quien había aprovechado la excursión de Guillermo Acosta en ataque.

 

El Atlético del segundo tiempo lució siempre incómodo. Primero, porque no encontró los espacios para complicar al equipo de Aldo Bobadilla. Luego, porque no asimiló el gol de Santiago Salcedo -muy astuto para definir entre los centrales, tras un centro desde la derecha de Luis Cardozo, a los 18- y el nerviosismo pasó a formar parte de su juego.

 

En cambio, Libertad se sintió cada vez más sólido y más cómodo. Y volvió a golpear: a los 33, tras otra jugada por la derecha, el ingresado Rodrigo Alborno estableció el segundo.

 

Hubo una diferencia fundamental entre ambos. Libertad aprovechó todo lo que Atlético dilapidó:su momento en el partido y sus llegadas más claras. Así, con el argumento del oportunismo, se divirtió en lo que parecía una fiesta ajena.