A pesar de los controles del gobierno, las reuniones de los alumnos antes de ir a los boliches para festejar el final de la secundaria generan preocupación.

Sólo en Capital Federal se estima que entre septiembre y diciembre -los únicos meses permitidos por ley para realizar este tipo de eventos- se llevarán a cabo de lunes a lunes más de 300 fiestas de egresados en las 159 discotecas inscriptas en el Registro Público de Locales Bailables de la Ciudad. Esto implica que serán muchas las “previas”, las famosas reuniones antes de ir a bailar en las que los chicos casi siempre toman desmedidamente y dan origen a una problemática que a pesar de los estrictos controles es el dolor de cabeza de padres, autoridades y dueños de boliches.

 

Como medida de prevención, la Agencia Gubernamental de Control (AGC) de la Ciudad de Buenos Aires, junto a autoridades del área de Educación porteña, realizan reuniones informativas para los padres en los colegios con el objetivo de sumarlos para combatir lo que consideran el principal problema durante las tradicionales fiestas de egresados de fin de año en los boliches: el descontrolado consumo de alcohol de los jóvenes.

 

Para este tipo de fiestas rige una normativa especial. Está prohibida totalmente la venta de alcohol y la publicidad alusiva a este tipo de bebidas dentro de las discotecas. Por contrato, deben estar presentes cinco padres de los egresados, quienes deberán controlar la conducta de los chicos dentro de local. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, deben ser 11 los adultos responsables.

 

Las estrictas reglas en la Ciudad fueron establecidas en 2007 y en 2016 se le agregaron más exigencias. Por ejemplo, el boliche -que tiene que ser Clase “C”- debe presentar un pedido de autorización ante la AGC para ofrecer el servicio. Cada padre que esté presente, debe demostrar fehacientemente su lazo familiar mediante la presentación de una partida de nacimiento. Este requisito fue incorporado a la reglamentación luego de que se descubriera que en muchas fiestas se realizaban con la firma de los mismos responsables una y otra vez.

 

“ Para este tipo de fiestas rige una normativa especial. Está prohibida totalmente la venta de alcohol y la publicidad alusiva a este tipo de bebidas dentro de las discotecas”

 

“Esto suponía que no se trataba de verdaderas fiestas de egresados, sino de una pantalla que permitía la presencia de menores en locales bailables por fuera del horario permitido”, explicó el organismo. Finalmente, los menores deben contar con la autorización firmada de los padres para estar en la discoteca. En caso de que se incurra en alguna falta, la Agencia puede hasta clausurar el boliche.

 

Pero más allá de la normativa y de los avances en los controles, el problema real comienza en el inicio de todo, en las previas, un ritual casi tan tradicional como la fiesta en sí misma. La posibilidad de contener lo que ocurre ahí es más compleja y por eso muchos coinciden en que se requiere de la colaboración casi exclusiva de los padres.

 

“El mayor problema está en las previas porque es el momento de zona liberada. Muchas veces los chicos van a tomar donde no va haber control de ningún adulto y llegan intoxicados”, dijo en diálogo con Infobae la médica psiquiatra y experta en adicciones, Geraldine Peronace, quien ratificó la necesidad de que los papás adopten posiciones más firmes frente a los adolescentes y “aprendan a decir no”. “Es muy fácil hablarles pero en realidad se enseña con el ejemplo. Y hoy muchos no lo hacen”, resaltó.

 

El propio director de la AGC, Ricardo Pedace, coincidió en este punto y ratificó la necesidad de fortalecer los controles y el seguimiento exhaustivo de los adolescentes antes y durante la fiesta.

 

“Para ello, es importante contar con la presencia de los padres y tutores en el lugar y ofrecer buenos y ágiles canales de comunicación para que puedan realizar consultas y denuncias es fundamental”, dijo el funcionario.

 

Según el organismo, por la experiencia que tienen cada año, a pesar de la prohibición de venta de alcohol dentro de los locales, los adolescentes llegan después de consumir alcohol y muchas veces en exceso. Las “previas” se hacen en casas particulares, en bares, en plazas y hasta en los transportes que llevan a los alumnos a los boliches.

 

“De esta práctica se desprende que en la mayoría de los casos los padres están al tanto de dichas actividades”, señalaron desde la AGC.

 

“ El último informe de la Sedronar dice que en chicos de 12 a 17 años, uno de cada dos tuvo consumo excesivo de alcohol”

 

Pero el problema del consumo de alcohol no es exclusivo de los eventos de egresados. Se ve en otras salidas nocturnas, en las que los jóvenes comienzan ya a tomar desde una edad cada vez más temprana.

 

“El último informe de la Sedronar dice que en chicos de 12 a 17 años, uno de cada dos tuvo consumo excesivo de alcohol. ¿Qué va a pasar con esos cerebros?, porque el futuro de ellos depende de este pasado”, agregó Peronace, quien dijo que en las “previas” hoy el consumo se hace de golpe por una adopción de la cultura anglosajona de los últimos años.

 

La experta se refiere al llamado “binge drinking” (exceso de alcohol), definido por la Organización Mundial de la Salud como el consumo de cinco o más tragos de una sola vez. “Pasa en las ‘previas’ pero también en el resto de las salidas. Hoy muchos adolescentes ya llegan a las fiestas habiendo tenido varias recaídas. Y el problema pasa porque entre ellos, como un código, se cubren. Muchas veces los padres ni se enteran”, señaló la médica.

 

Jorge Becco es presidente de la Cámara de Empresarios de Discotecas de Buenos Aires (CEDEBA) y si bien expresó que está de acuerdo con los controles y las restricciones que se aplican en estos eventos, planteó una alternativa para que las reuniones previas de los jóvenes antes de ir a la discoteca sean más controladas.

 

“En un principio, hace años, estaba permitida la venta de alcohol para algunos mayores o padres. La medida de sacar el alcohol no está mal pero sería bueno que hicieran la previa en la discoteca, controlada por los padres para saber cuánto beben. Hacerla más temprano, una previa con los papás y que los chicos no la hagan por su cuenta. Si ese chico que se toma 10 copas en otro lado sin control, en la discoteca se va a tomar tres”, dijo a Infobae.

 

“ Un local bailable cobra entre 60.000 y 80.000 pesos por prestar el lugar”

 

Mientras ocurre un cambio, coincidió también en que la labor de los padres es fundamental. “El principal problema son las previas. Son terribles. Es difícil controlarlo, pero es muy importante hacerlo”, remarcó el empresario.

 

“No está bien hecha es la ley. Pueden entrar de 15 a 18. Es un error. Hay que ampliarla a los de 14 y 13 inclusive porque son chicos ya tienen fiestas de egresados desde antes. Esto fomenta la ilegalidad porque ante las restricciones los chicos van a lugares que no están habilitados”, dijo.

 

Por su parte, Gustavo Palmer, integrante de la Cámara Argentina de Boliches de la Provincia de Buenos Aires, también apuntó contra las previas y reforzó la idea de que se debe hacer un trabajo preventivo y controlar la ingesta de alcohol por parte de los chicos.

 

El horario de las fiestas -explicó- es de 23 a 5 de la mañana. En territorio bonaerense son 318 los boliches habilitados para albergar estos eventos y al igual que en la Ciudad, no se puede vender una sola gota de alcohol dentro del local y deben contar con asistencia médica inmediata en caso de que algún chico lo requiera. Estimó que en cada discoteca pueden llevarse a cabo hasta 14 fiestas de egresados.

 

“El problema es cuando entran a la discoteca. Es un desastre. Creo que es fundamental atender la previa y dependemos de la colaboración de los padres”, pidió. “Si viene un chico dado vuelta no lo dejamos pasar pero no lo abandonamos en la calle. Lo llevamos a un consultorio para que lo vea un médico y avisamos a los padres responsables”, explicó.

 

Tanto Becco como Palmer explicaron que para muchos de los boliches organizar una fiesta de egresados no constituye un negocio que les deje un gran margen de ganancias. De hecho, consideran que salvo para un puñado de discotecas que concentran todo el mercado, la utilidad pasa por otro lado. Según detallaron, un local bailable cobra entre 60.000 y 80.000 pesos por prestar el lugar. Eso incluye la seguridad y el servicio del personal. “Hacer estas fiestas es una necesidad porque se trata de un público a futuro. Por eso lo hacemos”, añadió, a su turno, el empresario de la noche porteña. “El problema es que hay mucha ilegalidad en los lugares. Muchos son ilegales y no se puede competir con ellos a nivel económico. El que no tiene obligación alguna termina ganando más”, lamentó Becco.

 

La experiencia en primera persona

Daniela es mamá de un joven que asiste a un tradicional colegio de Palermo y este año ya tuvo su fiesta de egresados. Incluso prestó su casa para la “previa” de su hijo. En total eran unos 20 jóvenes. Según dijo a Infobae, “se portaron bien” aunque no dejó de desconocer lo que ocurre en muchas reuniones de otros adolescentes en cuanto a la ingesta de alcohol.

 

Sin embargo en su relato, la mamá fue más allá de la “previa” y aprovechó para cuestionar la organización por parte de los boliches. Aseguró que es un ambiente muy oscuro, en el que los padres son una suerte de rehenes a la hora de negociar con los dueños de los boliches.

 

“Es como que no te dan opción de nada. Es el precio que ellos quieren, que en nuestro caso fue de 150.000 pesos por el lugar. Y había otro colegio al que le cobraron lo mismo. No te dan factura y hay que darles la plata en efectivo. La de mi hijo se hizo en un boliche de la Costanera muy famoso, que es donde se realizan la mayoría de las fiestas”, contó a este medio.

 

La mujer asegura que ese valor, que excede lo que aseguran desde las cámaras consultadas por Infobae, no se condice con el servicio prestado. Si bien destacó que la disco contratada cumplió con todo lo pactaron, dijo que hay cosas en las que podrían mejorar en cuanto a la seguridad y la iluminación. “Es como que los chicos están a la deriva. No están bien cuidados. Es un negocio trillonario y se requiere de una inversión acorde a la explosión del negocio”, dijo Daniela, quien reveló entre otras cosas, que a pesar de que hay controles, “se llega a filtrar alcohol en los boliches”.

 

Consultado por este medio, el papá de una nena de 15 años que asistió a una fiesta de egresados también en una disco de Costanera Norte, dijo que en las inmediaciones del complejo de boliches durante esta época hay muchos chicos que toman alcohol después de son dejados por sus padres. “Ahí cerca hay una plaza que cuando llevé a mi hija estaba minada de pibes consumiendo bebidas alcohólicas. Lo vi con mis propios ojos”, relató. Ambos padres coincidieron en que esa zona también es peligrosa para los menores y como dijo Daniela, “es como dejarlos en la boca del lobo porque no hay seguridad”.

 

Ernesto Reyna Morgan, gerente de Nocturnidad de la AGC, le recomendó a los chicos que “canalicen la alegría que sienten ese día para que lo puedan disfrutar” y apuntó también contra las “previas”, a las que calificó de actividades clandestinas.

 

“Son un problema grande. Normalmente se hacen en locales que no son oficiales, por eso considero que se hacen clandestinamente. Las “previas” son el talón de Aquiles de las fiestas. Acá hay cuatro patas fundamentales para que todo salga bien: los chicos, los boliches, el Estado que tiene que controlar y los padres, que son los que mejor pueden controlar a los menores”, sentenció el funcionario.