Los testimonios desnudan prácticas repetidas pero poco difundidas por temor y vergüenza. 

Cuatro mujeres denunciaron haber sido víctimas de violaciones y un sinfín de vejaciones sexuales como prisioneras políticas tras el golpe militar presentaron una denuncia que busca destapar una olla de aberraciones poco sinceradas en Chile como consecuencia de décadas de temor, vergüenza y un presunto pacto de silencio entre los militares.

Las querellas fueron iniciadas en mayo y esta semana las mujeres declararon ante el juez Mario Carroza. Lo hicieron pese a que las violaciones ocurrieron décadas atrás porque Chile suscribió un acuerdo internacional de derechos humanos que impide que estos delitos prescriban porque son crímenes de lesa humanidad. 

“Exigimos que el gobierno chileno, que las autoridades, el Estado, tiene que cambiar las leyes, tiene que aceptar que existen estas torturas (sexuales)”, dijo Nieves Ayress a la agencia AP, una de las querellantes, que en 1974 fue detenida a sus 25 años por ser militante socialista, junto con su padre y su hermano. En 1976 fue liberada y obligada a exiliarse.