La Presidenta amplió uno de sus hospedajes allí y piensa elevar de categoría a otro. Báez construye uno propio y López remodela el suyo.

El “lugar en el mundo” de la presidenta Cristina Kirchner es sinónimo de descanso pero también tierra de oportunidades para los negocios de la familia presidencial y sus amigos del poder. Turismo y política se combinaron en la década K y derivaron en la progresiva instalación de lujosos hoteles en una ciudad que recién ahora supera los 20.000 habitantes. El Calafate, allí donde los Kirchner y sus allegados compraron tierras fiscales a precio vil, se convirtió en estos años en la llave de acceso a un sospechado “negocio turístico”, que hoy tiene a la Presidenta y su más íntimo entorno familiar en la mira de la Justicia.

En su mayoría de dos plantas, con spa, piscina, vista privilegiada y altos costos, los hoteles de los Kirchner y empresarios como Lázaro Báez y Cristóbal López comparten ciertas particularidades edilicias, pero el denominador más común es que desde que abrieron sus puertas no conocen la ocupación plena ni siquiera en temporada alta.

Hospedajes Kirchner

Apenas se ingresa a El Calafate, mano izquierda, el primer hotel que se visualiza es el Alto Calafate, único inmueble de Hotesur S.A., firma de la Presidenta investigada por el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli. Con más de 4.000 metros cuadrados de superficie y 100 habitaciones, es uno de los más imponentes, con un atractivo especial: se visualiza desde cualquier punto de la ciudad. Inaugurado en 2005, se comercializa como un hotel de cuatro estrellas –con tarifas de 2.500 a 6.000 pesos la noche–, pero la gerencia lo prepara para que suba a cinco. Aquí parecen no importar las denuncias.

A unos minutos de allí, dirigiéndose hacia la costanera, se encuentra la hostería Las Dunas. Otro vínculo de negocios entre Lázaro Báez y el matrimonio presidencial. En 2008, pasó a ser patrimonio de los Kirchner después de que el empresario K se lo vendió al ex presidente, que declaró que para comprarlo utilizó los polémicos dos millones de dólares. Báez lo había adquirido en $ 2 millones.

El alojamiento original contaba con 12 habitaciones y un pequeño restaurante. Para esta temporada su superficie se triplicó y se asemeja a la del Alto Calafate, con un detalle que genera dudas: sólo tiene 47 habitaciones. “Si vos tenés 40 mil metros cuadrados, no ponés 40 habitaciones; ponés el doble y más, porque vos vendés habitaciones”, indicó una fuente cercana a la obra. El precio estándar, para la habitación doble, es $ 2.066; $ 2.688 la triple. En la entrada el cartel ya no dice “Hostería”: se vende como “Hotel Las Dunas”.

Por la avenida costanera “Presidente Néstor Kirchner” se puede llegar a la calle Los Gauchos. En un predio que tuvo un costo el metro cuadrado de $ 2,40 se erige el hotel Boutique Los Sauces. Exclusivo, lujoso y de buen gusto, la noche en la suite más económica supera los $ 5.000 y aunque no se observa movimiento allí, es difícil lograr alojarse sobre todo cuando la Presidenta descansa en El Calafate; los jardines de su residencia y de su hotel son lindantes.

Estos tres hoteles tuvieron idas y venidas con Lázaro Báez. Los dos primeros fueron administrados hasta diciembre de 2013 por su empresa Valle Mitre S.A., que garantizó ingresos por $ 14,4 millones a los Kirchner alquilando habitaciones que en su mayoría nunca se ocuparon.

Los Sauces logró ampliarse sobre un terreno fiscal del empresario K que “cedió” a la Presidenta. Además, tanto el Alto Calafate como Las Dunas son administrados ahora por Idea S.A., de Osvaldo Sanfelice, Carlos Sancho y María José Fernández Clark, socios de Máximo en su inmobiliaria. A los Sauces lo administra la familia Relats, beneficiada por la obra pública nacional como Báez.

 

Los amigos también

Alrededor del kirchnerismo, otros allegados “descubrieron” el negocio de la hotelería. Camino al Glaciar Perito Moreno, sobre la mano izquierda, una construcción vistosa, en tonos marrones y de estilo patagónico, llama la atención. Se trata del Imago único hotel Spa de cinco estrellas de la Villa Turística. Sus dueños son Pablo y Raúl Copetti, este último tesorero del Frente para la Victoria y por años apoderado del partido en Santa Cruz. Hombre de confianza de los Kirchner, integró el directorio del Banco Santa Cruz. En El Calafate aún recuerdan cómo llegaban muebles y materiales para el hotel en el Tango 01. Una habitación simple cuesta $ 2.611 y la suite más costosa, $ 6.246. Casi como una ironía, se supone que compite con los hoteles de los Kirchner. “El Alto se prepara para ser de cinco estrellas como nosotros”, reconoció un empleado del Imago.

En la década K, los empresarios Cristóbal López y Lázaro Báez aprovecharon la compra de terrenos fiscales y fueron otros de los que se interesaron en la hotelería de El Calafate. Báez construyó un edificio que originalmente iba a ser un shopping. El reclamo de los pequeños comerciantes ganó y nunca se concretó, pero ahora se prepara para abrir como hotel.

“El próximo hotel que administre Valle Mitre va a ser el mío”, le dijo Lázaro a un hombre de su confianza. Estas semanas hubo gente trabajando allí. “Yo traje varios obreros que contaron que están remodelando todo adentro para que sea un hotel”, explicó uno de los choferes de la empresa constructora.

López, por su parte, eligió la vista privilegiada al Glaciar (a unos 80 kilómetros de la ciudad), compró el hotel Los Notros, el único que se encuentra dentro de Península de Magallanes, donde por medida judicial ahora no pueden haber emprendimientos privados. En el ingreso y salida de Los Notros se observa la puerta de acceso cerrada. En la actualidad está cerrado por refacción y por esta temporada estará fuera del circuito turístico.

En sólo una década, El Calafate se convirtió en tierra de descanso, pero sobre todo de “Hoteles K”.