El cantante fue consultado sobre los acosos en el ambiente artístico y dijo una barbaridad tras otra. ¿Cuánto ayudan estos discursos a la lucha feminista?


Ricardo Arjona no fue ingenuo. Sabía que su discurso iba a provocar, y decidió decirlo igual. Decir lo que uno piensa está bien. Provocar porque sí, no tanto.

 

“Yo me voy a meter en un lío si te contesto esa pregunta”, le dijo a La Nación cuando fue consultado sobre la “ola de denuncias de acosos sexual en el cine, la música, etcétera”.

 

Es probable que quien lo entrevistaba haya “olido rancio” antes de hacerle esta pregunta. Segundos antes, Arjona había dicho lo suyo sobre la letra de la canción Señora de las cuatro décadas.

 

“Sí, la mujer de 40 está mucho más en la pelea (N.de la R: se refiere a la pelea física, estética) que antes, lo que es celebrable. En la época en la que yo la escribí era un target abandonado. Un experto en marketing me hubiese dado un premio. Yo jamás fui un tipo tan listo como para darme cuenta que había un target ahí, que estaba abandonado, y que había que hacerle una canción. Fue una canción muy natural”, comentó sobre la “mercancía” de mujeres de cuarenta años.

 

De mujer mercancía, el cantante pasó como si nada a calificar a las mujeres víctimas de acosos como culpables. Raro.

 

Una “barbaridad”, o unas cuántas…

 

“Tengo una opinión muy personal (sobre los acosos), me tocó vivirlo de cerca. Tarde o temprano deberá someterse la justicia a la gente que no declara este tipo de cosas a tiempo. Estoy diciendo una barbaridad, pero una persona que no lo declara a tiempo, con todo el trauma, con toda la psicología que se menciona, se hace un poco cómplice de lo que el tipo sigue haciendo durante el tiempo que no se habló. Si una mujer fue maltratada y lo denuncia 20 años después es muy tarde. Debería existir una obligación de denunciar el maltrato inmediatamente, no 10 años después. Y esto es una cuestión bastante personal porque todo lo demás es una especulación. El que no denuncia, permite”, aseguró.
Las “barbaridades” son fáciles de entender pero difíciles de explicar. En primer lugar, su discurso denota una total ignorancia de la matriz de dominación machista que atraviesa países enteros.

 

En esta línea, el cantautor piensa al acoso sexual como una relación entre dos personas con el mismo nivel de poder (uno de acosar y el otro de denunciar). Así, aísla a la víctima de un contexto social que legitima esta forma de dominación y opresión. Pero además, cree, casi de modo infantil, que “la Ley” todo lo puede: los violadores no reinciden, la justicia es perfecta y las acosadas tienen todos los recursos a manos en el mundo ideal que él imagina, por nombrar sólo algunas aristas.
Con mucha creatividad para insistir con la metáfora de la “pollera muy corta”, Arjona revierte a la víctima en victimario.

 

Distinto sería, señor atrasado en más de cuatro décadas, celebrar el empoderamiento femenino global que, como un colchón donde apoyarse, ayuda a dejar de callar.

 

El silencio no convierte a ninguna mujer en cómplice, la hace más víctima. Y un discurso así sólo aporta más violencia a la pelea.